En este artículo vamos a intentar dar algunas claves de lo que significa sanar y de cómo abordamos este proceso con Renacimiento.
Para la mayoría de la gente sanar tiene alguno o varios de los siguientes significados:
-Mejorar la autoestima
-Recuperar la confianza en uno mismo.
-Conquistar nuestro poder personal.
-Resolver problemas físicos, mentales o emocionales que arrastramos desde hace años.
-Encontrar un propósito de vida.
-Reconciliarnos con nosotros mismos (transformar sentimientos y pensamientos negativos sobre nosotros mismos).
-Tener una experiencia válida de nuestra esencia o verdadero ser.
Naturalmente, la idea de sanación también se aplica a situaciones o áreas concretas de nuestra vida: sanar una relación, sanar una etapa de nuestra vida, sanar la economía, etcétera.
Todas estas ideas sobre la sanación son correctas y todas entran dentro de la realidad de la sanación. Pero si observamos este concepto un poco más de cerca podemos ver que la mayoría de estas ideas sobre la sanación tienden en último término hacia un sentimiento de paz interior y conexión con la vida. Un sentimiento que nos es natural y que sentimos haber perdido en algún momento de nuestro camino, el cual normalmente no somos capaces de recordar. De hecho, la idea de sanación nos recuerda nuestra íntima unidad interna y con la vida: nuestra propia naturaleza divina. Así pues, el significado raíz de la idea de sanación sería recuperar nuestra propia divinidad, algo aquí vamos a llamar conciencia de unidad.
Conciencia fragmentada y conciencia de unidad
Podemos decir, de forma que todas las personas puedan hacerse una idea válida sobre ello, que la conciencia de unidad se experimenta como una sensación de amor y protección que nos permite e invita a expresarnos y explorar la vida libremente. La conciencia de unidad se relaciona con un sentimiento de seguridad, libertad, confianza, bienestar, paz, armonía y autoestima. A esta conciencia de unidad también se le puede llamar energía del Hogar, la energía de la cual procedemos originalmente y dentro de la cual nos reconocemos y sentimos que podemos ser completamente nosotros mismos.
Algunas personas tienen una conexión estable con esta energía, otras tienen experiencias más o menos dispersas de ella y otras solamente tienen un vago recuerdo, como si hubieran soñado que en algún remoto pasado experimentaron un sentimiento de perfecta plenitud y paz. La verdad es que todas las personas pueden acceder en todo momento a esta conciencia de unidad. Pero es igualmente cierto que la mayoría de nosotros, debido a haber nacido dentro de un contexto social en el que nuestra esencia como seres humanos no es reconocida como algo valioso e importante, vivimos internamente fragmentados y en conflicto con nosotros mismos. Así pues, lo contrario de conciencia de unidad sería la fragmentación, el conflicto, la conciencia (o ilusión) de escisión y desconexión de la propia vida. La sanación es el proceso de vida que tiende un puente para que la persona pueda pasar de la conciencia fragmentada a la conciencia de unidad. El proceso que nos permite transformarnos en humanos capaces de expresar plenamente nuestra naturaleza divina en este plano físico.
Pongamos un ejemplo:
Una niña a la que le encanta la música recibe de sus padres desaprobación, castigo o humillación cuando expresa esta tendencia de su alma cantando bailando, escuchando o tocando música. Tal vez los padres tienen que levantarse muy temprano y trabajan demasiado. Tal vez ellos también recibieron desaprobación de sus padres cuando cantaban y bailaban. Los niños pequeños dependen emocional y materialmente de sus padres, por lo tanto, en la mayoría de los casos este tipo de desaprobación hará que la niña deje de lado su tendencia natural para asegurarse la aceptación y el cariño de sus padres. De esta manera la niña aprenderá a negar una parte de sí misma. Sin embargo, esta parte no puede ser eliminada de ninguna manera, pues es parte integral del alma. Lo que sucede entonces es que la tendencia queda reprimida, ocultada, escondida donde los demás no puedan verla. La pasión queda escondida y en su lugar se interpone una creencia negativa (“la música no sirve para nada”, “la música es molesta”, “la música es una tontería”, etcétera). De este modo la tendencia natural, el amor por la música, quedará reprimida, oculta dentro de un lugar de la conciencia que sirve como escondite de todo lo que no nos permitimos vivir: el inconsciente. La tendencia sigue viva, sin embargo, y al no poderse manifestar de forma natural se origina un conflicto. Esta forma de lucha interna es el origen de la conciencia fragmentada y la causa de la desconexión de la conciencia de unidad. En este caso el resultado de este conflicto interno podría ser, por ejemplo, que la niña, al hacerse adulta, se rebele contra su familia y decida dedicarse a la música, demuestre un gran talento, y sin embargo no tenga éxito, sufra escasez debido a un sentimiento inconsciente de culpa, se sienta como un bicho raro y tenga que sufrir y luchar duramente para desarrollar su carrera.
Por desgracia, la vida de cualquier ser humano en este planeta está repleta de historias como esta. Cada una de estas historias causa una herida en el alma, una contradicción interna, una escisión y una desconexión de nuestra verdadera naturaleza y de la vida. Cada persona tiene un conjunto de aspectos reprimidos debido a la educación familiar y social. Así, cuando llegamos a la edad adulta, nuestro ser interno se encuentra dividido en muchas partes, a menudo en contradicción entre ellas. Este estado de fragmentación y conflicto interior genera malestar y desequilibrios en todos niveles y aspectos de nuestra vida.
Cómo ocurre la sanación
¿Cómo, entonces, podemos sanar? ¿De qué manera podemos reconstruir nuestra propia unidad interna, cómo recuperar y estabilizarnos en la conciencia de unidad? Efectivamente, se trata de un proceso parecido al de montar un rompecabezas o pegar los trozos de un valioso jarrón que se ha hecho pedazos. Cada parte de nuestra alma que hemos tenido que negar deberá ser reconocida y deberá recuperar el lugar que le corresponde en nuestra vida. Es necesario volver al momento en el que aquella parte de nosotros fue condenada a la oscuridad para rescatarla del olvido y la incomprensión e integrarla en el nuevo yo consciente que queremos ser. Pero este proceso de rescate y reintegración que es la sanación no es posible hacerlo solamente de una forma intelectual ni tampoco metafísica. No podemos recuperar nuestra alma solamente “entendiendo lo que pasó”, ni podemos sanar las heridas haciendo un trabajo espiritual que “resuelva el problema en otro plano”. Tampoco es posible que algo externo nos sane, pues solamente el alma tiene la capacidad de reintegrarse a sí misma. Para sanar realmente es necesario llegar a la raíz del problema de manera experimental, con nuestro cuerpo, en este plano físico. Uno tiene que vivir la sanación en su propio cuerpo y mente. En ese camino no existen atajos ni estrategias que puedan evitar el enfrentamiento con uno mismo. La buena noticia es que hay infinitas oportunidades de hacerlo, y casi siempre es mucho más fácil de lo que creemos.
Debido a que dejan intactas las causas profundas del problema, muchos trabajos de crecimiento y metodologías de sanación no funcionan o dan resultados parciales o temporales. Realmente existen numerosas terapias y técnicas que nos permiten tener una experiencia válida de la conciencia de unidad. Esto es algo fantástico y puede darnos impulso en nuestro proceso. Nos da una referencia interna correcta, podemos reconocer nuestra esencia, podemos decir “yo sabía que había algo más”, “ya sé que es posible”. Pero esto es solamente el primer paso, no es suficiente para generar un cambio estable en nuestra vida. Lo que sucede a menudo es que después de esa experiencia poco a poco regresamos a nuestro estado de conciencia anterior, con los problemas y el conflicto interior habitual, como si nada hubiera pasado. Solamente llegando a la herida y procesando el dolor emocional causado es posible restaurar la parte de nosotros que ha sido rechazada y generar una verdadera sanación, un cambio reconocible y permanente en nuestra vida, en nuestra forma de sentir y de pensar, en nuestro cuerpo, en nuestras relaciones y en nuestro mundo.
Por otro lado, tampoco es fácil saber por dónde empezar, dónde hay que ir, cuál es el problema. La verdad es que estas partes han sido negadas y ocultadas de tal manera que ni siquiera uno mismo tiene conciencia de lo que pasa con ellas. Lo único sabemos es que nuestra vida es difícil y no tenemos paz ni armonía en nuestra mente ni en nuestro cuerpo.
Cómo actúa el Renacimiento
La ventaja que tiene el Renacimiento sobre otros abordajes es que trabaja directamente con la respiración. Y la respiración nos ofrece un registro perfecto de todo lo que le ha pasado a una persona y dónde están los problemas. Cada herida emocional deja una huella en nuestra respiración. Desde que nacemos hasta que nos hacemos adultos nuestra manera natural de respirar se va deformando y reduciendo debido a los traumas sufridos. La respiración profunda y suave del bebé a medida que crecemos se va entrecortando, llenando de pausas, tensión, inhibiciones y otras irregularidades, cada una con su causa y significado dentro de nuestra historia personal. El Renacimiento puede seguir estas huellas y llegar fácilmente a los lugares recónditos de nuestra alma para rescatar las partes de nosotros que sufren en la oscuridad. Este trabajo se lleva a cabo detectando y rectificando estas deformaciones de la respiración. Cuando el patrón respiratorio es corregido, las causas del trauma emergen fácilmente a la conciencia y pueden ser suavemente liberadas, sin dolor y sin drama. Para siempre. Consiguiendo un cambio evidente que la persona puede reconocer inmediatamente.
Siguiendo con el ejemplo de la niña que se dedicó a la música al hacerse mayor, supongamos que empieza a tomar sesiones de Renacimiento. Es muy probable que se observe desde la primera sesión que le cuesta mucho esfuerzo llenar la parte alta del pecho en la inspiración. La desaprobación constante de los padres suele dejar esta huella en la respiración. Al corregir esta desviación los sentimientos negativos relacionados con la desaprobación durante la infancia empezarán a aflorar. El renacedor le ayudará a liberar estos sentimientos con una respiración suave y profunda y después de algunas sesiones, tal vez en su primera sesión, la mujer podrá perdonar la actitud inconsciente de sus padres, liberarse de todo sentimiento de culpa y conectar fácilmente con su fuerza vital y con su forma natural de sentir y expresarse. Como resultado de este trabajo la mujer podrá enfocarse en su pasión sin necesidad de esconderse, podrá ganar dinero y desarrollar una carrera sin autosabotajes y sin tener que hacer un esfuerzo que la agote. Y además de todo esto, podrá respirar mucho mejor…
El trauma del nacimiento
Pero sobre todo el Renacimiento facilita y acelera el proceso de sanación de las personas porque es capaz de sanar la herida más profunda y la que más nos desconecta de la conciencia de unidad: el trauma del nacimiento.
Como veíamos, la sanación es el proceso que nos permite ir desde un estado de desconexión de la vida y conflicto interior a un estado de armonía y conexión que llamamos conciencia de unidad. Para la mayoría de las personas la primera herida del alma y el trauma donde se apoyan las grandes creencias negativas que dan lugar a la conciencia fragmentada es el dolor del nacimiento.
La desconexión, la separación de la unidad, la separación del Amor, es experimentado por primera vez en la vida en el momento de nacer, al separarse el bebé del cuerpo de la madre. Aunque durante los meses de la gestación algunas circunstancias también pueden dejar una impronta en la mente del feto, el momento del nacimiento representa una ruptura radical en su desarrollo. Convertirse en un ser vivo independiente es un milagro de la vida, pero tiene un precio: el dolor de la separación de un estado de unidad perfectamente protector y nutritivo. Además hay que añadir las condiciones naturales y artificiales que suelen hacer de este momento un trance angustioso para la madre y para el bebé (ansiedad, falta de intimidad y cuidados apropiados para la madre y el bebé, intervenciones quirúrgicas y maniobras violentas, interferencia con los ritmos naturales del parto, aislamiento del bebé al nacer, etcétera).
El nacimiento supone también el paso de un medio acuoso a un medio aéreo y el comienzo de la función respiratoria en el bebé. A menudo esta primera inspiración es estimulada por el obstetra con una palmada o bien es forzada al cortar el cordón umbilical prematuramente, causando un dolor que queda grabado en la propia respiración como una memoria traumática y en la mente con la creencia inconsciente de que la vida es angustiosa y el mundo un lugar hostil. El Renacimiento es el único método verdaderamente capaz de llegar hasta este momento y limpiarlo adecuadamente.
La sanación del trauma del nacimiento a menudo es un hecho que marca la vida de las personas, una transformación total, un descubrimiento y una reconciliación profunda con la vida (es una de las razones por las que lo llamamos “RENACIMIENTO”). Muchas personas reviven todo o partes de su nacimiento durante las sesiones de respiración. Sin embargo, en Renacimiento no se busca deliberadamente desenterrar de la memoria profunda el momento del parto. Este es un hecho que sucede paso a paso y de manera totalmente natural al trabajar con la respiración de la manera en que lo hacemos. La respiración misma “sabe” que ahí hay un bloqueo importante, y lo libera solamente cuando la persona está preparada para ello.
Los renacedores no hacemos hipnosis ni sugerimos nada, de hecho, se suele hablar muy poco durante las sesiones de respiración. Ni siquiera podemos saber qué memorias va a liberar la persona en cada sesión. Solamente corregimos y guiamos la respiración de la persona para que su energía pueda hacer el trabajo que corresponda en cada sesión. El renacedor se ocupa exclusivamente de que la persona se sienta protegida y cuida de que el proceso se desarrolle suave y completamente. No se interviene en la sanación de la persona, solamente se crean las condiciones adecuadas para que la verdadera sanación ocurra de manera natural. El poder del Renacimiento está en dejar el trabajo de la sanación para la energía. Y la energía nunca se equivoca.
Al corregir los patrones respiratorios (las desviaciones de la respiración), la energía encuentra las aperturas necesarias para volver a circular naturalmente, deshace los bloqueos y tensiones suavemente, llega a los órganos y tejidos donde se necesita la sanación física y rescata los recuerdos asociados a cada bloqueo. De esta forma la mente puede liberar las emociones y pensamientos negativos e integrar correctamente las experiencias dolorosas de la infancia que no se pudieron comprender. El resultado es un sentimiento de integración, orden, unidad, paz y bienestar físico y mental. A medida que más partes de nosotros son recuperadas a lo largo de las sesiones este sentimiento de integración, la conciencia de unidad, se hace estable y comienza a guiar nuestra vida de manera natural, sin necesidad de trabajos o disciplina externa.
Una reflexión
He intentado ser breve y tocar las ideas más importantes en este artículo para daros una perspectiva que os ayude a comprender mejor el trabajo que hacemos los renacedores y el trabajo de la sanación en general. Serían necesarias muchas páginas para explicar en detalle cada una de estas ideas, pero espero que sirva al menos para ofrecer una visión aproximada. Para terminar, me gustaría dejaros con una idea que a veces ayuda a ordenar las cosas en nuestro camino de crecimiento:
¿Por qué tenemos que sanar? Es decir: ¿Qué sentido tiene el hecho de que pasemos por una serie de experiencias en los primeros años que luego dificultan nuestra vida adulta y nos hacen sufrir hasta que somos capaces de transformarlas? De todos los seres vivos que habitan la Tierra, somos la única especie que necesita hacer un trabajo de sanación. Los animales y las plantas no necesitan sanar, están siempre en el estado de conexión con la unidad, aún en circunstancias adversas.
Os propongo una posible respuesta: la sanación es lo que nos permite amplificar nuestra conciencia. La sanación es nuestra forma de evolucionar como individuos y como especie. Por eso la vida nos da todas las herramientas para que podamos transformar las experiencias traumáticas en conciencia. Las oportunidades de sanación están siempre llamando a nuestra puerta si de verdad estamos interesados en ello. Y en el momento en que aceptamos esta posibilidad todo se transforma en una oportunidad para sanar: la pareja, la familia, el trabajo, los amigos, intereses y aficiones, sueños, proyectos, accidentes y casualidades… Al aceptar la posibilidad de la sanación automáticamente entramos en un reino nuevo, el reino de la conciencia y, aunque ello por sí mismo no garantiza una vida cómoda, sin duda la hace mucho más emocionante.
Otra manera de exponer esta idea sería decir que la sanación representa la belleza del aprendizaje humano, el néctar de la experiencia de nuestro paso por la tierra. La sanación es la máxima expresión de nuestra inteligencia y creatividad. Naturalmente que nadie quiere sufrir y todos deseamos sentirnos bien física y mentalmente y evitamos aquellas cosas que nos causan malestar y dificultad. Pero cuando hemos logrado un poco de sabiduría a través de nuestra propia experiencia, no deseamos regresar a nuestro estado de conciencia anterior. Todo el mundo reconoce íntimamente el tesoro que significa una vida llena de conciencia. Todo el mundo puede distinguir el brillo dorado de un alma que se ha rehecho a sí misma.
Y algo que es quizá más interesante aún… La sanación sirve no solamente para recuperar nuestra naturaleza divina sino también para desarrollar plenamente nuestra naturaleza humana. Con cada parte de nosotros que recuperamos aumenta enormemente nuestra energía y ganas de vivir y experimentar. Nuestra sanación nos sirve sobre todo para estar más vivos, tener experiencias más enriquecedoras, ser más creativos, inteligentes y felices.
Si ya has aceptado el reto de tu sanación, el Renacimiento es una forma de hacerlo mucho más fácil y rápido, una manera de ahorrar tiempo y malestar y de disfrutar del camino.
